Por qué tratarse con Biodinámica Craneosacral?


Cuando recurrimos a hacernos terapia, por norma general es que vamos en busca de ayuda. Lo más común es que el terapeuta te pregunte acerca de tus síntomas, tu historia clínica u otros detalles de tu vida personal y por supuesto, acerca de cuál es el motivo de la consulta.

Generalmente lo que queremos resolver es algún tipo de molestia o enfermedad diagnosticada que nos genera una variedad de síntomas desagradables, un dolor, malestar, algún tipo de disfunción. Y por supuesto lo que queremos es que esto que nos molesta se vaya cuanto antes.

Sabemos que el ser vivo está sustentado por una fuerza de vida (biodinámica), que es la energía que anima, sustenta y organiza la estructura, la fisiología y el funcionamiento del organismo.
Por un lado tenemos esa fuerza de vida “inteligente” y por otro todos enfermamos en un momento u otro, esto nos lleva a preguntarnos ¿qué es la enfermedad?. Este punto lo he desarrollado en un artículo llamado “la integración” (ver en el blog de www.midlineinstitut.com).

 

LA MANIFESTACIÓN DE LOS SÍNTOMAS. UN PROCESO AUTOREGULADOR.

Algo que está muy claro es que hay enfermedades agudas que tienen como función llevar al organismo de nuevo a un estado de equilibrio. Tal es el caso del resfriado común; quien no ha tenido la experiencia de que tras un tiempo de tensiones en los que ha habido que afrontar algún reto, desafío, preocupación o actividad estresante cogemos un resfriado, una gripe, un problema gastrointestinal o algún otro arbol bellotrastorno agudo. El cuerpo necesita depurar toda la irritación y tensión sufrida en los tejidos corporales (territorio), se necesitan eliminar los elementos tóxicos que se han generado, y el cuerpo lo hace así. Si no hay ningún agravante y acompañamos al organismo en su proceso de depuración, ésa es la mejor manera de que éste se cure, eliminando lo que sobra y regenerando las células que han sido dañadas.
Esto también puede ocurrir un par de días después de una terapia en la que han habido cambios, los tejidos se han soltado y desanudado y toda la carga neural y química acumulada busca la manera de salir, así las mucosidades, sudor, diarreas, temblores, etc., son la forma que tiene el cuerpo de limpiarse, a esto se le llama crisis terapéutica.
De hecho, muchas enfermedades, por agresivas que las veamos, tienen este propósito.
Por norma general nos tratamos esas manifestaciones depurativas que no nos podemos permitir acompañarlas (dejar que la fiebre haga su función, sudar, guardar cama, reducir la ingesta de alimentos, etc.) porque hay que cumplir con las exigencias sociales, del medio, y lo que hacemos es interrumpirlas con fármacos “anti”, antipiréticos, antiinflamatorios, antibióticos, antidiarreicos, etc.  Elementos que muchas veces no son necesarios y hacen que eso que no se elimina se profundice en el organismo y busque la salida con manifestaciones más agresivas.
Tanto es así que cuando el organismo ha agotado los recursos para su autorregulación la dolencia se cronifica, el organismo ya no es capaz de dar respuestas de adaptación al medio y lo que empezó como brotes agudos se acaban convirtiendo en otra cosa.

 

LA CONSTELACIÓN DE LA ENFERMEDAD

Las enfermedades que se tienen de adulto no surgen de un día para otro, suelen tener un largo recorrido.
Imaginemos que el desequilibrio o enfermedad que se manifiesta es como la rama de un árbol, ésta a su vez se divide en ramas más vinilo-decorativo-rama-de-arbol-con-hojas.jpgpequeñas y hojas que forman parte de esa disfunción, éstas serían los síntomas, todos provenientes de un mismo lugar, la rama. No resulta útil atajar lo que ocurre tratando cada rama y cada hoja, de esta manera acabamos tomando medicamentos para la tensión, la diuresis, que quizá están asociado con diabetes, problemas digestivos que se agravan con los medicamentos, por lo que hay que dar antiácidos y protectores gástricos, los reflejos viscerales pueden también dar molestias musculares, neurales, en fin, nos encontramos de mayores con un arsenal de medicamentos como parte de nuestra rutina diaria.
En ocasiones los fármacos son necesarios para atajar ciertos problemas, pero no siempre es así.

Pongamos que el motivo de la consulta es que tenemos un dolor de hombro, una tendinitis o un dolor de espalda, queremos que se nos solucione el problema de inmediato, pero resulta que el problema original está en la cadera, o en una víscera, y seguramente también en el sistema nervioso. Así, lo que nos aqueja no es primario, sino que es el efecto molesto de otra disfunción. La solución no estará en tratar este efecto secundario, si no que éste dependerá de que se normalice la cadera, se suavicen las tensiones en la víscera o se regule el sistema nervioso.

 

BIODINAMICA

El tratamiento con Biodinámica Craneosacral favorece que el organismo se descomprima y se deje organizar por las fuerzas de la naturaleza que lo sostienen, a “eso” que hace que un ser vivo esté vivo. Desde luego que no siempre es fácil que un individuo desconectado del entorno natural al que pertenece y fragmentado dentro de sí mismo conecte con esta fuerza, hay capas de acorazamiento superpuestas que taponan el flujo de la energía vital, pero esta energía está ahí, dispuesta a emerger cuando las resistencias se relajen y lo permitan.

El tratamiento tiene varios niveles de trabajo, en un primer lugar puede que afloren los más superficiales, los más evidentes e instalados fuertemente en la forma física, los que han producido algún deterioro en la estructura y alteraciones en las funciones orgánicas.
Éstos en ocasiones precisan de fuerzas externas, manipulaciones corporales, reajustes o incluso cirugías no deseadas o fármacos.

BABY YOGA To accompany Maggie Mallon FeatureCon Biodinámica Craneosacral el tratamiento facilita que las fuerzas naturales establezcan el orden en el sistema, que la fuerza de vida que surge de dentro se manifieste, y que el organismo acceda a un mayor nivel de integración.
Una paralelismo de esto lo podemos tener con la imagen de un niño que empieza a andar, lo podemos poner nosotros de pie sosteniéndolo mientras se apoya sobre sus aún débiles piernas, o podemos dejarlo que se levante solo, a su ritmo, él sabe cómo lo tiene que hacer y de igual manera nuestro cuerpo “sabe” .

Rafael Martiz

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